La orientación

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 La limitación más grande es aquella que emana de su temor a perder el rumbo dentro de espacios desconocidos, particularmente en los grandes campos , médanos y bosques que brindan poco o ningún punto de referencia.

La pínula resulta el elemento ideal para navegar dentro de espacios cerrados. 

Los americanos, verdaderos campeones de las estadísticas, han demostrado que el acampante promedio no se interna por sí solo más de 600 metros en lugares desconocidos, y que esa es la distancia límite que está dispuesto a alejarse de su campamento o del lugar donde estaciono el vehículo, siempre y cuando el terreno no sea muy sucio y le permita algún tipo de contacto visual con una sólida referencia.
Evidentemente que internarse 600 metros desde una ruta asfaltada o desde el campamento no resultará en una distancia adecuada, ya que la fauna con su fino olfato, oído o visión puede detectar la mayoría de los intrusos en un radio como ese sin mayores dificultades. Por supuesto que existen excepciones, pero uno no puede salir de contando de antemano con ellas, por lo cual las dejaremos de lado.
Tengamos presente que los humanos una falencia, la misma es su grave falta de orientación innata, y sólo podemos orientarnos empelando algún instrumento, como la brújula, o trucos elementales como puede ser la posición de los astros, todo lo cual exige un cierto grado de raciocinio, ya que lo que es esto de orientarnos automáticamente y sin margen de error como los pájaros es algo desconocido entre nosotros. Peor aún, para ubicarnos geográficamente, esto es saber exactamente donde nos encontramos, necesitamos al menos de dos referencias, una brújula y de un mapa.
En fin, todo un engorro, y sí pensaba que podía aprender en éste lugar una forma de andar alegremente dentro del monte, médanos o campo sin una brújula y la ayuda del mapa, puede ir dejando de leer.
En esta nota, a lo sumo y con suerte, aprenderá a moverse en los espacios desconocidos sin temor, y a hacerlo en una forma sencilla, pero siempre dependiendo de una brújula en el campo, y al menos haber memorizado un par de mapas antes de entrar al mismo. Mire, dele las vueltas que quiera, pero al menos que use un GPS junto con un mapa, lo cual implica muchos más riesgos y trabajo que utilizar una brújula, las reglas del juego son así.

COMO DESPLAZARSE SIN TEMOR A PERDERSE.

El humano sólo le teme a lo desconocido, pero sí antes de entrar a un terreno nuevo hemos estudiado los mapas del lugar, el temor desaparece.


 

Ésta es la forma en que se ve a través del visor de la pínula. La marcación en negro, en éste caso 113 grados, es el rumbo fijado, o hacia dónde queremos marchar. Arriba de los grados en negro aparece el rumbo inverso, en rojo, que representa la dirección por la cual debemos de retornar al punto de partida, que en éste caso es de 293 grados, que resulta de sumar 180 grados, o rumbo inverso, a los 113 del rumbo fijado inicialmente (113 rumbo inicial + 180 = 293 rumbo de retorno).
Para poder desplazarnos libremente prescindiendo de guía o de un GPS y el correspondiente mapa, es necesario obtener un plano de la zona antes de entrar en la misma, y estudiarlo concienzudamente.
No entraremos aquí en detalles sobre cómo se navega con distintos tipos de brújulas ni sobre el uso de los mapas, (navegación terrestre) ya que esto no pretende ser un curso de navegación, y por que el conocimiento se puede adquirir de cualquier libro de supervivencia.
Lo primero que se debe hacer es orientar el mapa de la zona según los puntos cardinales. Cuanto más detallado sea el mapa, o sea cuanto menor sea la escala, más detalles brindará. Asegúrese que el mapa es reciente, o de lo contrario se expone a encontrase con sorpresas en el terreno. El ser humano es muy dañino, y dónde en un mapa de hace 5 años atrás figuraba un hermoso bosque ahora puede encontrase con una autopista.
En lugar de un mapa topográfico puede utilizar un imagen satelital o una fotografía aérea, aunque lo ideal es tener los tres, particularmente en zonas de montañas y de bosques con más de un tipo de árboles.
Una vez con el documento orientado fíjese hasta que punto puede alcanzar con su vehículo o a pié por una senda bien delimitada y márquelo con una cruz. Ese será su punto de partida hacia lo desconocido, y al cual debe de regresar a salvo.
Estudie en el mapa o en las fotografías e imágenes, cuales pueden ser los lugares más productivos, dónde hay sembrados que puedan atraer a la fauna, cuales son los obstáculos que se presentan a simple vista (ríos, lagunas, pantanos, cerros, etc), y mida distancias a esos lugares desde su base, utilizando la escala provista para ello. Aproveche para calcular los tiempos que le insumirá cada desplazamiento.
Ésta etapa suele llevar horas de estudio, y es necesario volver a esos documentos una y otra vez con el correr de los días, hasta estar seguro de tener una idea clara de la topografía y de cómo desea hacer su primera recorrida, las distancias a recorrer, las dificultades a sortear, y cuales son los puntos que desea alcanzar.
No pretenda en su primer salida orientarse y navegar al mismo tiempo, pues terminará no haciendo nada de las dos cosas correctamente. Su primer intento debe ser de práctica, haciendo recorridos cortos y sencillos hasta adquirir confianza y experiencia. Comience aprendiendo a determinar el rumbo a seguir para marchar desde A hacia B y cómo calcular el rumbo inverso para regresar.

UTILIZANDO LOS ACCIDENTES NATURALES PARA NAVEGAR.

Fíjese sí en le mapa o fotografía aparecen accidentes naturales como arroyos o ríos, o artificiales como líneas de alta tensión, cercas o alambradas que pueda utilizar como referencia y guía, y planee salidas utilizando estos accidentes para navegar.


 

Un arroyo de montaña en medio de un bosque tupido es la mejor guía que se pueda pedir.
En particular los cursos de agua son buenas referencias, siempre hay vida en sus alrededores, y como ocupan la parte más declive y plana del terreno facilitan el tránsito. Una ventaja adicional que ofrecen es que sus riberas suelen ofrecer buena cobertura para la fauna y para el desplazamiento, además en las mismas es frecuente encontrar huellas de los lugares utilizados como cruce y como abrevaderos.

MARCANDO EL RUMBO DE ENTRADA Y .....DE SALIDA!

En los lugares cerrados, como los bosques, el rumbo se marca cada 50 metros, y se navega de marcación en marcación.


No es posible navegar en los espacios de visibilidad reducida con la brújula en la mano y cazar al mismo tiempo. Lo que se hace es escoger con la pínula un punto de referencia a lo largo del rumbo que deseamos recorrer, por ejemplo un árbol determinado a 50 metros, se guarda el instrumento en el bolsillo y se navega cazando hasta el mismo.
Cincuenta metros no es una gran distancia, pero cazando al rececho uno puede tardar una eternidad en recorrerlos, y sí se tiene una buena referencia por delante no es necesario perder tiempo ni distraerse dedicándose a la navegación.
Una vez arriba al objetivo, se repite la operación, pero siempre a lo largo del rumbo escogido, al menos hasta estar realmente práctico en navegación por brújula. Esto se puede repetir hasta alcanzar un punto determinado previamente seleccionado, como la ribera de un arroyo, para luego cazar a lo largo del mismo. Para facilitar el retorno se puede marcar con una cinta de color colgada en un lugar visible el punto dónde el rumbo primario hizo intersección en el arroyo.
De ésta manera se utiliza el curso de agua como un "pasamanos" sencillo de seguir, sin temor a desorientarse. En una segunda salida se puede trazar el curso hasta el arroyo, cazar a lo largo de su ribera, cruzarlo y marcando un nuevo rumbo (pierna) internarse en le bosque del lado opuesto.
Una alternativa práctica a este aprendizaje unipersonal es la de inscribirse en un curso del nuevo deporte conocido como Orienteering (orientación Deportiva), que además de resultar muy divertidos resultan sumamente instructivos. Por lo general cualquier Asociación de Montañistas podrá indicarle quien los ofrece.
Sea cual sea la forma en que decida aprender a navegar, ésta es la única manera en que logrará cazar sin ayuda de terceros o dependiendo de las baterías de un GPS y de la altura de los árboles para poder captar la señal de KEYWORDlos satélites. Además que una presa obtenida a pura brújula e ingenio tiene un sabor a trofeo que jamás tendrán trofeos más bellos, pero cazados con la ayuda de un profesional que nos lleve de la mano.
Los, y fotografías aéreas se venden en Argentina en el Instituto Geográfico Militar. Las pínulas y brújulas se pueden obtener en cualquier casa de deportes.

Manteniendo el Rumbo

En el artículo se analizan las técnicas de navegación terrestre y orientación en terrenos desconocidos durante la cacería de rececho.

¿A quien no le gustaría ser un excelente cazador de rececho, uno esos sujetos independientes que tienen la fuerza para aventurarse solos en pos de sus ilusiones, sin depender de nada ni de nadie? Creo que todos soñamos con ello pero, ¿alguna vez se preguntó por que no nos atrevemos?
Junto con al recelo a vernos afectados por condiciones climáticas extremas, el miedo a desorientarnos y no poder encontrar el rumbo de salida forma la dupla de temores que más limitan al cazador solitario en sus aventuras negéticas. Como animales salvajes y peligrosos para el hombre van quedando pocos, y bastante distanciados entre sí, y todos estamos ya lo suficientemente creciditos como para continuar creyendo en el cuento del lobo feroz, para aquel que logre sobreponerse a esos temores ancestrales se abre una nueva forma de disfrutar la caza, donde las fronteras están dadas solamente por nuestro arrojo y condiciones físicas.
Sí UD dispone de un sistema de posicionamiento global, (GPS), y sabe como emplearlo, puede que sienta que estas líneas no son para UD, hasta que, en medio del descampado, y sin ni un mísero árbol para tomar como referencia, agote las baterías del maldito ingenio o el mismo deje de funcionar por razones misteriosas, lo cual suele suceder con más frecuencia de la deseada. Bien, ahora que entró en sus cálculos de posibilidades estas dos nuevas alternativas, talvez no sea una mala idea perder unos minutos y continuar leyendo.
Una pesa poco, para su funcionamiento no depende de baterías ni de satélites (los cuales pueden o no estar disponibles en esa parte del mundo en la que UD se encuentra), cuesta cien veces menos que uno de esos chirimbolos, y lo mejor de todo es que la puede emplear cualquiera.


¿Cuáles son los beneficios de emplear una brújula y cuáles las funciones que la misma no puede cumplir?
Éste ingenio permite al cazador solitario adentrarse en lo desconocido y retornar al punto de partida por la misma senda. Nada más ni nada menos, pero eso es todo lo que por lo general se necesita. Lamentablemente éste artilugio no es capaz de brindarnos una posición exacta con la velocidad y la facilidad con que lo hace un GPS, la cual es una función que en ocasiones muy puntuales resulta de ayuda.
 

Por lo tanto, sí lo que desea es poder entrar, cazar y salir sin problemas de un lugar desconocido, la brújula es su solución. Sí por el contrario, lo que requiere de ella es que lo guíe (sin ayuda de otros elementos y de un mayor entrenamiento) hasta un punto determinado, lo cual un GPS hace con facilidad, la brújula no le servirá. Pero, salvo que desee cazar en un lugar absolutamente inexplorado y a solas, y de que alguien le haya indicado que su presa se presenta todos los días a la caída del sol, y con puntualidad británica en la intersección de tal con cual coordenada, lo cual es altamente improbable, UD no necesita de un GPS para ser feliz. Menos aún para poder cazar.

 ¿Cómo se emplea la brújula?

Sin entrar en muchos detalles diremos que en general funciona de la siguiente manera. Desde el punto de partida de nuestro recorrido se toma un punto de referencia a alcanzar, se marca el rumbo (se mide en grados con la brújula en que dirección se encuentra con respecto a nosotros) y siguiendo las indicaciones de la brújula se continua por esa línea hasta alcanzar el objetivo. Para retornar se suman 180 grados al rumbo inicial, de manera tal que estaremos saliendo por el mismo lugar que por donde entramos.
Por ejemplo, sí nuestro rumbo de entrada es 40 grados (Este- Noreste), nuestro rumbo de salida será de de 220 grados (40 + 180 = 220, Sur-Suroeste) Obviamente esto es la parte sencilla. El problema consiste en seguir en línea recta ese rumbo.
Sí bien la teoría es sencilla, se requiere algo de práctica antes de poder navegar en forma exacta. Esa práctica se adquiere “jugando” en espacios abiertos (un parque de ciudad bastará) con la brújula, por ejemplo siguiendo ciertos ejercicios de muy fácil realización que se presentan en los folletos de instrucciones sobre su empleo.

Básicamente existen dos tipos de terrenos donde debemos saber manejarnos con éste aparato.

Aquellos espacios limpios, con o sin un punto de referencia, y los espacios cerrados, como los bosques, donde la visibilidad es muy limitada. Ambas topografías requieren de técnicas diferentes.
En los espacios abiertos que presenten un punto de referencia a lo largo de nuestro recorrido, se marca primero el rumbo en grados hasta el mismo. En éste caso el rumbo lo tomamos, no para guiarnos hasta el mismo, ya que se encuentra al alcance de nuestra visión y bastará caminar en esa dirección, si no para saber por donde retornar, ya que en ocasiones el punto de partida puede quedar fuera de nuestro alcance visual y la única forma de retornar al mismo es sumando los famosos 180 grados al camino de entrada.
En caso de estar cazando en lugares donde no tenemos como referencia ni siquiera el mísero árbol al cual me referí al comienzo, uno debe fijarse pequeñas metas a no más de 50 o 100 metros, como por ejemplo una roca o una mata, y así progresar paulatinamente.
El segundo escenario que puede presentársele al cazador solitario es la de encontrarse en un bosque tupido en el cual desea probar suerte. El problema es que dada la escasa visibilidad no se puede tomar una referencia distante para marcar el rumbo. Bien, al igual que en los grandes espacios abiertos, sí no se puede tomar una referencia lejana deberemos conformarnos con una cercana.
En éste caso se toma como objetivo a alcanzar un árbol fácilmente reconocible que se encuentre ubicado sobre el rumbo que deseamos mantener, por ejemplo 150 grados, y guardando la brújula se comienza a cazar, siempre dirigiéndonos hacia nuestro objetivo. Una vez alcanzado el mismo volvemos a tomar otro punto de referencia (siempre sobre la línea de los 150 grados) y repetimos la operación, así hasta que llega la hora de retornar. En ese momento sumamos 180 grados al rumbo de entrada para obtener lo que se denomina rumbo de salida o rumbo inverso, e iniciamos el regreso, tomando una vez más referencias cada tanto.

Antes de continuar deseamos mencionar algo.
La caza de rececho en bosques es un arte, que requiere de las dos manos libres (se emplean para sostener binoculares pequeños) y de una concentración absoluta, ya que antes de dar el próximo paso es necesario escudriñar cada recodo del terreno, analizar la dirección del viento, evitar hacer ruidos innecesarios, prestar atención a sonidos que puedan delatar a un animal, y hasta tomar conciencia de las sombras para valernos de ellas y camuflar nuestros movimientos. La concentración es tal que resulta imposible mantener el sentido de la orientación, al menos para los principiantes. Por todo ello resulta imprescindible tener la mente libre de otros pensamientos, como por ejemplo del temor a extraviarnos en la maraña.
Eso es todo. Pero no se confunda. Navegar con ayuda de una brújula y sin tener problemas requiere de práctica, pero una vez adquirido el hábito es un juego, y la habilidad para disfrutarlo puede ser ganada en poco tiempo. Además hay otros detalles a tener en cuenta.

Los modelos de brújulas.

Es preciso saber que existen tres modelos de brújulas, los tipos A, B y C, y que aunque parecen ser todas iguales entre sí difieren en la forma en que se emplean. Los modelos más fáciles de emplear, sobre todo para tomar lecturas exactas de rumbos, y calcular el inverso, son las pínulas.
 

Una vez que se decida por un modelo, solicite a alguien que le explique el funcionamiento básico y luego comience a practicar con el mismo, hasta que se sienta seguro sumando y restando grados o siguiendo rumbos sin perderse ni cometer errores. Recién en ese momento podrá dedicarse a cazar sin preocupaciones. No antes.

 Al momento de escoger entre confiar en su brújula o en su intuición, siempre confíe en la primera. Los aparatos mecánicos NO cometen errores; el cerebro si, especialmente cuando trabaja bajo presión.


Mapas topográficos, fotografías satelitales y aéreas.
Algo que le resultará extremadamente útil es formarse mentalmente una visión panorámica del lugar antes de entrar al mismo, lo cual se obtiene leyendo mapas y/o fotografías satelitales. Tome nota de accidentes topográficos, caminos, líneas de alta tensión, arroyos o cualquier otra cosa que pueda servirle de referencia. Esto ayuda mucho a orientarse y será una información particularmente útil en el momento que lo asalten las dudas. Por el mismo motivo lleve siempre consigo un mapa o croquis del lugar.
Además estos documentos le permiten “ver” la zona de tal forma que uno puede anticipar los obstáculos antes de enfrentarlos, cuando ya es tarde y estamos obligados a dar rodeos. Con la ayuda de estos planos y fotografías no nos hará falta alcanzar la cima de un monte para saber que detrás del mismo existe un río que, para poder vadear tendremos que alterar el curso que llevamos o nos será imposible continuar. Un mapa o una fotografía nos indicarán con exactitud cual es el mejor lugar para sortearlo, o dónde existe un puente, y de acorde a ello fijar, desde el comienzo, el rumbo correcto.
El lector podría plantearme que ahora, además de tener que aprender a emplear una brújula debe también ser capaz de leer un mapa. Bueno, por empezar lograr descifrar un mapa es muy simple, solo requiere de voluntad, y recuerde que aún con un GPS no podrá evadirse de se ayuda.
Pero no tome esto como un castigo. Dedique uno de esos tediosos fines de semana de la veda, en los cuales se los pasa frente al televisor mirando programas de outdoors y soñando, a aprender a navegar por compás y leer mapas. Estas dos habilidades, junto con las necesarias para armar un refugio precario son las llaves de su independencia cinegética. 

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